Aquel día me
desperté contigo dando saltos de alegría sobre mi cama. El Ratoncito Pérez te
había dejado un euro bajo la almohada. Aquella mañana podrías presumir delante
de los amigos durante el recreo en el colegio.
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Foto: Lola Pena |
Lo malo sería que no tendríamos
pan para almorzar. Pero por un día no iba a pasar nada. Seguro que nadie en la casa se iba a quejar al ver tu cara de felicidad.
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